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¿Tiene futuro la historia?


Juan Moya, compañero de clase y amigo, me preguntó por la ‘tesis’ que sostenía en mi blog ‘El triunfo de Kronos’ como hilo conductor de mi ‘memoria’ de la asignatura ‘Introducción a la Historia’. La ontología de su pregunta es que, tras una lectura detallada de mi exposición – cosa que agradezco profundamente – ha llegado a la conclusión de que no hay una ‘tesis’ clara. Además, Juan, señala que está en desacuerdo con la afirmación ‘Hay que tener en cuenta que es a partir de la ilustración cuando se empieza a cuestionar la superioridad de la cultura occidental, relativizando la premacía de sus postulados morales, paralelamente la reacción que apunta a restaurar esa preponderancia de lo occidental, representada en buena parte por Leibnitz, Tocqueville, etc. defiende la existencia de verdades absolutas y apuesta por 'el mejor mundo posible' creado por Dios’, recogida en el segundo párrafo de la entrada ‘Buscando la Verdad; del absoluto al fascismo y el comunismo’, porque considera que no es a partir de la Ilustración cuando empieza a cuestionarse la superioridad de la cultura occidental sino que, bien al contrario, es durante este movimiento (s. SVII y XVIII) cuando la cultura occidental adquiere su apogeo y se expande por todo el orbe, precisamente fruto de ese extraordinario auge. En conversación mantenida en clase con Juan Moya, intenté contestar, dentro de mis obvias limitaciones a su inteligente crítica, pero como considero muy interesante este debate y en mi opinión seguramente va a enriquecer el contenido del blog, procedo a dejar constancia escrita de mi respuesta; entendiéndose que el formato blog permite establecer una línea de réplicas y contrarréplicas ulteriores, si Juan está dispuesto, claro.



Vayamos por partes. Para empezar reconociendo que, en efecto, tras una relectura del Blog 'El Triunfo de Kronos', podemos estimar poco clara la existencia de una tesis directora y concluir que el análisis se queda tan sólo en una exposición descriptiva. No obstante ésta existe y está presente en diversas anotaciones en cada una de las entradas. Otra cosa, en este caso diferente, es la tesis directora del desarrollo del curso, que establecía claramente una línea de continuidad determinada, o en todo caso condicionada, por el pesimismo histórico. Las sociedades occidentales van a experimentar durante el tránsito de la Edad Media a la Modernidad, inscritas en el movimiento de la Ilustración, el reemplazo o la sustitución del paradigma histórico basado en el absoluto trascendente (Dios) por el inmanente (la razón), lo que va a generar una revolución intelectual y un cambio cultural radical, que va a provocar en el ser humano - al menos en el contexto europeo - un alto grado de confusión (el absoluto religioso medieval permitía al ser humano conocer, en términos kantianos, 'a priori' cuál era su lugar en el mundo y su rol en la sociedad, cuya historia estaba determinada por Dios, que la dirigía a un fin predeterminado: la salvación; con la razón, el ser humano es dueño de la historia, que va a tener que construir a través de su 'libre albedrío'), que dará pie a la construcción de diferentes propuestas filosóficas para aliviar esa confusión. De Santo Tomás Moro ('Utopía', 1516) a George Orwell ('1984', 1949), pasando por Terry Gilliam ('Brazil', 1984), hemos visto propuestas de sociedades utópicas, unas, Moro, sociedades idílicas alcanzables a través de la praxis política y otras, Orwell, amenazantes y terriblemente cercanas. Hemos visto, también, en 'Nostalgia de Absoluto' (Steiner, 1974), que surgirán 'meta-religiones', construcciones mitológicas con vocación de absoluto, basadas en estructuras racionales en vez de determinismos trascendentes, que propondrán soluciones vitales a la confusión mencionada y que, en realidad, terminarán por constituirse en remedos sustitutivos de Dios: marxismo, psicoanálisis, antropología de Levi Strauss y finalmente creencias supersticiosas, marcarán el camino de la progresiva degradación de la evolución histórica, hasta el punto que el propio Steiner expresa su pesimismo sobre el futuro de la humanidad en las últimas líneas del libro: 'La verdad, creo, tiene futuro; que lo tenga también el hombre está mucho menos claro' (pag. 132 a 133). También Carr ('¿Qué es la historia?', Ariel, 2006) expresa la percepción de decadencia instalada en las sociedades occidentales, de la historia teledirigida por Dios, pasando por el optimismo antropocéntrico renacentista racional, y terminando en la afirmación de que 'la decadencia de Occidente se ha convertido en expresión tan familiar que ya no se necesitan comillas para encerrarla' (pag. 194). G.H. von Wright, en 'Espacio de la razón' (Verbum, 1996) se cuestiona, a su vez, la bondad del progreso histórico en el sentido de que no cree que ese progreso haya servido para incrementar la felicidad y el bienestar de la humanidad. Sin duda los fenómenos históricos en que este pesimismo se convierte en patología son el Fascismo y el Comunismo, analizados en la obra póstuma de François Furet, 'Fascismo y Comunismo' (1999), en la medida en que como construcciones netamente racionales que han dado como resultado una conclusión irracional escenifican con nitidez ese fracaso de la razón y con él el fracaso de la ilustración y del humanismo, que pondrá de manifiesto Sloterdijk en 'Normas para el parque humano' (Siruela, 2006). Todo ello conduce a la tesis de Spengler en 'La Decadencia de Occidente' (1918), en que dibuja esta coyuntura de nihilismo occidental que veremos explicitada con crudeza en 'La Rebelión de las masas' (Ortega, 1979), donde la culminación del 'progreso' occidental es esa figura gris del 'hombre masa', relacionado con el 'homo ludens' de Huizinga (1938), que tendrá presente Steiner (1974) en los capítulos finales de 'Nostalgia de Absoluto'. Queda claro, entonces, que el discurso histórico del curso, o al menos su 'leit motiv' es el pesimismo histórico, basado en la percepción de la decadencia de la civilización occidental que dibuja un horizonte temporal progresivamente más decadente. El proceso arrancaría con el renacimiento y la explosión de escepticismo de 'Cándido o el optimismo' (Voltaire, 1759) y terminaría en la confirmación del ambiente pesimista de 'Nostalgia de Absoluto' (Steiner), 'Normas para el parque humano' (Sloterdijk) y 'La rebelión de las masas' Ortega).

Hay quien considera, a la luz de los acontecimientos, que esa 'decadencia de occidente' (Spengler) ha conducido al desarrollo de las sociedades occidentales al nihilismo y a la aparición de ese 'hombre masa' de Ortega, directamente emparentado con el 'homo ludens' de Huizinga y Steiner, que va a constituir el caldo de cultivo propiciatorio para la aparición y el auge de los totalitarismos (fascismo, nazismo y bolchevismo), al ir cediendo la ciudadanía espacios de decisión política. En esta línea de pensamiento la historia habría finiquitado, transitando del 'mejor mundo posible creado por Dios' de la Edad Media al 'mejor mundo posible creado por la razón' de la modernidad (o de la contemporaneidad), cuyo exponente será 'El fin de la historia y el último hombre' (Fukuyama), que será contestado en parte y confirmado en cierto sentido también por Huntington y su 'Choque de civilizaciones', en el que postula la indefensión en que vive la cultura occidental como consecuencia de su decadente nihilismo frente al auge y vitalismo de otras culturas humanas. Sin embargo, el ser humano habita este planeta desde hace poco más de 3 millones de años, de los que sólo unos 500.000 (más o menos) corresponden al continente europeo, no podemos deducir que la historia ha llegado a su final sólo porque en este momento seamos incapaces de ver en el futuro un horizonte definido por un modelo socio-económico y político nuevo que permita superar ese ambiente decadente y dar respuesta a las necesidades humanas. De hecho, si analizamos desde cierta distancia emocional e ideológica la situación actual de la humanidad, hemos de reconocer que las condiciones materiales de existencia - empleo terminología marxista con conocimiento de causa - del ser humano son infinitamente mejores que en el resto de etapas históricas, aunque en algunas de ellas se nos puede haber vendido un mundo fantástico de felicidad y belleza. Sin duda en esta visión influye el eurocentrismo, u occidentalismo, pero aún en los espacios geo-políticos en que el ser humano atraviesa situaciones perentorias a buen seguro que en épocas históricas anteriores la situación si no peor, seguro que no fue mejor ¿Cuánto tiempo le queda a la especie humana? No lo sabemos, no podemos saberlo, y por lo tanto resulta plausible tener esperanza en el futuro de la humanidad, basándonos en la idea de que es probable que sea capaz de definir un modelo mejor que el existente.

En cuanto a la discrepancia sobre el momento en que arranca la percepción de pérdida de la supremacía de la cultura occidental, que yo aseguraba en mi post ‘Buscando la Verdad; del absoluto al fascismo y el comunismo’ que se situaba en el renacimiento, como fruto del auge de la Ilustración y el racionalismo. Juan, considera que este momento hay que retrasarlo a la Europa de entreguerras, si no lo entendí mal, y sobretodo tras la Segunda Guerra Mundial, por el descubrimiento de los horrores del nazismo, que como ya hemos discutido en clase se trata de una construcción racional que ha dado un resultado irracional, poniendo de manifiesto la 'falibilidad' de esa razón, que se había configurado como una deidad, objeto de culto. No obstante hemos de tener en cuenta que desde finales del XVII y durante la centuria siguiente, el s. XVIII, los índices de analfabetismo en la sociedad europea van a estar rondando, diferencialmente según regiones, entre el 70 y el 85 % de la población, por lo que la transición del absoluto religioso al racional va a estar protagonizado, en primera instancia, por las élites ilustradas y no por el conjunto de la población. Es de destacar, llegados a este punto, que el auge de la razón en detrimento del absoluto trascendente (Dios), va a posibilitar el cuestionamiento de ese 'mejor mundo posible creado por Dios' y al mismo tiempo, la expansión de la cultura occidental va a poner en contacto a ésta con el resto de culturas humanas, alimentada por el 'gusto por lo exótico' de los ilustrados. Paralelamente va a desarrollarse un 'culto por lo oscuro' y el surgimiento, al albur del movimiento ateísta, del 'satanismo' (Marqués de Sade), que va a poner de manifiesto, en primer lugar la doble moral de las élites gobernantes y por otro 'las miserias' morales de la sociedad occidental en su conjunto. Es obvio que, por un lado la pérdida de confianza en ese mundo perfecto inspirado por la divinidad, que inspira el culto a la razón para construir otro mundo; y, por otro, el contacto con otras culturas humanas y la puesta en evidencia de las miserias morales de las sociedades occidentales, van a generar un cierto ambiente de rechazo de esa cultura y su hegemonía, en ese momento indiscutible, en el mundo. También será evidente que ese movimiento, o ese ambiente, no va a ser ni mucho menos generalizado y sólo va ha hacerse un hueco entre parte de las élites ilustradas. Posiblemente, si estoy en lo cierto, fruto de este influjo que cuestiona, tal vez no explícitamente, la superioridad moral de occidente, está la explosión del 'utopismo' (si es que este término existe):

  • Utopía (Sto. Tomás Moro, 1516).
  • Cristianópolis (Johann Valentin Andrea, 1619)
  • La Ciudad del Sol (Campanella, 1623).
  • La Nueva Atlántida (Sir Francis Bacon, 1627).
  • The Commonwealth (Gerrard Winstanley, 1652).
  • Océana (Harrington, 1656).
  • Isla de Tamoe (Marqués de Sade, 1788)*.

En efecto, puede considerarse en este sentido el 'utopismo' como reflejo de esa realidad cultural que no satisface a los pensadores ilustrados, o al menos a una parte de ellos, puesto que no representa los altos valores que parecen adornar su pensamiento y que alumbran ese mundo 'perfecto' que, como ya sabemos, para el caso de 'Utopía' es alcanzable a través de la praxis política - como en el caso del fascismo, del nazismo y también del comunismo - según Santo Tomás Moro. Por esta razón, si no estoy equivocado, y aunque sí es cierto que probablemente se trata de un movimiento marginal y reducido a unos pocos pensadores de la élite ilustrada, lo cierto es que puede considerarse que es a partir de este momento cuando se dan las condiciones necesarias para, como mínimo, cuestionarse esa supremacía moral, incontestable desde el absoluto trascendente (Dios) pero analizable y discutible a la luz del nuevo dios del renacimiento, la razón.



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* De http://es.wikipedia.org/wiki/Utop%C3%ADa

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